"ESTRENO
CON DELIRIO"
Lebrija,
que es exigente porque sabe y porque
puede, agotó las localidades
para ver cómo un artista andaluz
podía hablar con las entrañas
del tango rioplatense al par que calar
en lo más profundo de la autenticidad
flamenca.
Tras
una hora de felicidad a borbotones
y sólo interrumpida por los
oles, jaleos y aplausos constantes,
el auditorio, puesto en pie y transido
de emoción por tanta esencia
musical y tanta hondura recibida,
despidió con delirio durante
largos minutos a El Cabrero, por bulerías.
Se
conmemoraba el quinto aniversario
de Radio Lebrija y una voz que no
sabe de alivios nos atrapó
de principo a fin. Desde el cromatismo
arrollador que dio a los tango argentinos
al ahondamiento que imprimió
a las formas flamencas más
complejas, El Cabrero hizo de esa
mujer de amor llamada copla una hembra
de placer que lo mismo descubría
la verdad social y pasional del alma
andaluza.
El
sensacional trío Arrabal, ilustrado
mágicamente por la danza de
Marta y Manuel, anunció con
"Milonga sentimental" lo
que habría de venir: El Cabrero
dio nueva vida a ·Mi noche
triste", desnudó el fondo
atávico de "Ventarrón",
nos estremeció con una canción
maleva, penetró por entero
en "Volver" y descifró
el enigma de "El último
organito".
A
partir de ahí el deleite fue
rotundamente arrollador. En soledad
con la guitarra hechizada de Paco
del Gastor, de su corazón brotaron
tres genialidades por seguiriyas de
El Nitri únicas y me temo que
irrepetibles, a las que siguieron
la poética de Dicenta por bulerías,
las soleares de Alcalá, Triana
y Cádiz, un pregón por
milonga (Como el Viento de Poniente),
fandangos de Huelva y Manuel Torre
y, por último, ya herido de
tanta entrega y profesionalidad, dejó
su garganta rota y doliente en el
martinete, la toná chica y
la toná granda de los Pelaos.
Aún
no había terminado y las palmas
echaban humo. Lebrija, que mide con
sensibilidad toda la profundidad del
arte y que sabe de flamenco tanto
como los que lo inventaron, reclamó
una y otra vez la presencia del cantaor
y lo despidió con los mejores
elogios que ella conoce: al compás
de bulerías.