29.06.09 JOSÉ IGNACIO PRIMO
La majestad del güito
L LEGÓ la hora del Festival de Flamenco con algunas novedades dignas de mención. Zamora es una ciudad que aspira a ser Patrimonio de la Humanidad, lo que implica que está dotada de espacios públicos de interés para celebrar este tipo de actos. Y la lonja de acceso a la Universidad Laboral no se escapa a ello, por lo que nos parece un acierto del Ayuntamiento ofrecer este nuevo espacio de estilo escurialense que el arquitecto Luis Moya nos dejó de acuerdo con los principios arquitectónicos del Siglo de Oro. El lugar está dotado de amplitud, buena sonoridad y fácil acceso, que contará con una excelente dotación de aparcamiento cuando la obra se finalice. El Festival fue presentado por el aficionado salmantino Juan José Seguín, con buen oficio y brevedad que es de agradecer. Le faltó comunicar qué artistas formaban la compañía del Güito, porque, al no figurar en programas, el público se quedó sin saberlo.
El festival contó con tres partes bien diferenciadas. En la primera parte tres veteranos cantaores que, aunque de primera línea por técnica y oficio, no han dejado huella indeleble en este difícil arte. José de la Tomasa cantó como es habitual en él, bien, pero sin emoción, con prisas por marchar, sin entrega y el público lo notó recibiendo su cante con frialdad. Ni en las soleares trianeras, que es su fuerte, ni en los demás cantes, alegrías, tarantos y bulerías al golpe, logró conectar con el público. Le acompañó a la guitarra Manolo Franco con las buenas maneras que le caracterizan.
El festival continuó con María Vargas acompañada a la guitarra por José María Molero. María se encuentra bien de facultades, su voz suena igual que hace cuarenta años, con las mismas virtudes, recuerda a la Perla de Cádiz, y con los mismos defectos, un cante varado en el tiempo. Aunque falto de frescura su cante no dejó mal sabor al buen aficionado, que por cierto escasea, sobre todo en los cantes que mejor conoce, bulerías de Cádiz, soleares y fandangos. En la seguiriya anduvo muy forzada demostrando que no es lo suyo. Curro Malena, acompañado por su hijo Antonio Malena continuó en la misma línea de los anteriores, con oficio pero desprovisto de emoción, haciendo los cantes de siempre, cantiñas de Lebrija y romera, soleares de Alcalá, Cádiz y Triana, seguiriyas y para remate un cuplé por bulerías.

Y el público siguió sin entregarse hasta que llegó El Cabrero, con el que el festival cambió de rumbo. Reconozco que es un cantaor que a mí me dice poco, el flamenco como la poesía tuvo un momento de compromiso social, llámese cante o poesía comprometida, social, crítica, inconformista, en definitiva era una arte de urgencia con su vigencia y caducidad. Por eso a mí me suena como un cante anacrónico, pero tiene su público y además mayoritario. Si a esto añadimos que se entrega, que pone el alma en lo que hace, es fácil entender que consiga el clamor del público. Estuvo acompañado a la guitarra por Rafael Rodríguez , que con su toque efectista contribuyó al éxito del cantaor. Soleares trianeras, soneto de Borges a su manera, cuplé por bulerías, seguiriyas, fandangos alosneros, el carcelero de Caracol, vuelta a fandangos del Alosno donde se encuentra cómodo para rematar por toná y de nuevo un cuplé. Fue muy aplaudido por un público enfervorizado y la verdad es que se lo mereció por su total entrega, aunque entiendo que la transgresión social está fuera de contexto, me quedo con el compromiso vital de nuestro poeta Claudio Rodríguez.

La hora del baile Después de un descanso que dilató en exceso el tiempo del festival, llegó la hora del baile con la compañía de El Güito. Inició esta parte la bailaora Ángela Españadero, que sorprendió por su elegancia y frescura con un taranto quizá excesivamente largo. Tras un número efectista realizado por gente de la compañía, salió El Güito bailando por soleá y bulerías. Este bailaor discípulo de Pilar López podrá gustar más o menos, pero es indiscutible que sabe colocarse bien, bracea de forma insuperable, la colocación de los pies es perfecta y el resultado es un baile majestuoso, personal, dos cualidades que adornan el baile de este magnífico artista que sin duda ha creado ya escuela, frente a la velocidad y saltos tan de moda ahora. Su baile ofrece una tensa calma cargada de belleza. El XXXIX Festival tuvo sus buenos momentos, aunque se echó de menos alguna figura joven si se pretende que sea exponente no sólo de lo que fue sino también de los nuevos rumbos del flamenco.

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