| Delirio por el cante en Zambra |
El Cabrero, Calixto Sánchez, Capullo de Jerez, Miguel de Tena y Rocío de Dios |
Manuel Martín Martín |El Mundo 11/07/2010 (fotos Manuel Martín Martín) |
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Si hay un lugar de honor en el rincón de los modestos, ese es sin duda para Zambra, una pedanía de la localidad de Rute que lleva ya 17 años inaugurando la temporada de la canícula en el territorio cordobés y con unos carteles que acogen lo más granado de lo jondo. |
| La iniciativa arrancó en 1994 merced a unos jóvenes adscritos a la cofradía de la Virgen de Gracia y, más tarde, fundadores de la Peña Flamenca de Zambra, a la postre artífices hoy de que Zambra, a unos 10 kilómetros de Lucena y con poco más de medio centenar de habitantes, se convierta en el escenario idóneo para que el cante provoque el delirio entre los aficionados exigentes. |
Y buena culpa de ello la tiene El Cabrero, que mientras algunos tropiezan con un muro de silencios, el de Aznalcóllar rompe los tabiques de la hondura a base de entrega, profesionalidad y desobediencia ante lo establecido, bien ajustando las melodías al cordaje de un Rafael Rodríguez que le va como el pie al zapato, bien templándose por soleá, sangrándose en los tercios de una seguiriya imposible o imponiendo su verdad en los fandangos, apoyados en una armonía con un severo matiz de rebeldía. |
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Pero el recinto zambreño sito a orillas del río Anzur y que acogió a más de 1.500 personas procedentes de Valencia, Ciudad Real, Jaén, Sevilla y, obviamente de la Subética cordobesa, también fue el espacio donde El Capullo de Jerez incitara la apoteosis, con vestigios indudables de su cuna y con la ambivalencia de perder con los fandangos y los tangos-rumba lo que gana en la soleá a ritmo y la bulería, en las que sobresalió por su discurso optimista, como si tratara de reinstalar en la juventud la confianza, la esperanza y la utopía de una vida mejor. |
El maestro Calixto Sánchez, que salió escoltado por su homónimo Manolo Franco, sufrió como todos la incompetencia del sonido, pero encaró su compromiso con un discurso de permanencia, esto es, que abordó la identidad ética del cante sin otro referente que no fuese su sí mismo, pues si sucumbió en la cantiñas y aportó singularidad a la malagueña, también reconfiguró con aportes propios los tientos, la vidalita y la habanera por bulerías. |
Pero como la diversidad estética era tan plural, el público disfrutó igualmente con Miguel de Tena, sobre todo cuando, escoltado por un Patrocinio en estado de gracia y después de presentar con solvencia sus credenciales por farruca, tangos y granaína, hizo encajes de bolillos con los recuerdos a Vallejo, al que reivindicó en el cincuentenario de su fallecimiento. |
| Claro que el mejor ejemplo para la juventud fue, sin duda, Rocío de Dios, una chica cordobesa de unos 18 años de edad que parece que sabe cómo va el agua de los cantes libres al molino de lo profundo y que, a la espera de crecer en los rítmicos, dispone de un lenguaje expresivo que no admite otro interlocutor que aquellos que estén predispuestos a ser receptores de sentimientos nobles y capaces de descifrar el contenido del alma cantaora |
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