PRENSA
 
'El Cabrero' salió a las 2 de las mañana. El frío comenzaba a notarse en un recinto al aire libre que reflejaba el fin del verano. Pero esta sensación de desasosiego y algunas estrellas en el cielo hacían aún más especial la intervención de José Domínguez. Tras superar unos problemas de sonido, el cantaor bromeó con los técnicos y el público. Una de sus virtudes es vivir sin prisa, y de la misma manera canta. Con la complicidad de Rafael Rodríguez a las seis cuerdas desarrolló su estilo sobrio y austero pero con una fuerza tremenda. La soleá sirvió de entrada a un precioso soneto de Borges al que ningún purista pudo poner un 'pero'. (J.M. Rojas -Ideal de Granada - Festival Flamenco de los Ogíjares 2007) Ver reseña completa >>

 
El primero en subir a las tablas fue el polifacético José Domínguez El Cabrero. Un cantaor que conjuga su genialidad, talante, personalidad y postura vital en un cante comprometido sin aditivos y con los grandes temas que preocupan a la humanidad. Su repertorio, basado en los palos más duros del Flamenco, como la Soleá, la Seguiriya o las Tonás, estuvieron presentes en la noche de ayer. Comenzó por soleá para cambiar de palo y hacerlo por bulería. Entre cante y cante, afirmaba al público, entre los que se encontraban un gran grueso de sus fieles, “que me salgo del pellejo”. Dialogante en todo momento, consiguió conectar con los presentes con su sobriedad, fuerza y autenticidad y más de una vez arrancó de los mismos grandes carcajadas, algo que ejemplifica la apabullante personalidad que destila. “A mí no me domó nadie, nada más que la música” apuntaba. (IDEAL de Almería - Festival Flamenco de Almería 2007) Ver reseña completa >>
 

El Cabrero arma un buen taco
El cantaor cerró una gala de cuatro horas con la mejor actuación de las muchas que ha realizado en La Unión, que se volcó con él desde que lanzó su grito de '¿Ni guerras, ni Dios, ni amo!'José Domínguez El Cabrero venía a La Unión con la espinita clavada de la última vez que pisó esas mismas tablas.
Se le notaba con muchas ganas, de hecho tres horas antes de que le tocara actuar ya estaba por la trastienda de los camerinos, saludando a sus seguidores y firmando autógrafos a diestro y a siniestro, tranquilo y la mar de divertido. Eso sí, manteniendo su seriedad dramática. Con ese estado de ánimos muy mal se le tenía que dar la noche para que no triunfara, pues siempre tiene detrás de él, si no a una legión, sí un tercio de regulares flamencos dispuestos a partirse la camisa. (PATRICIO PEÑALVER/LA UNIÓN 2007) Ver reseña completa >>

 

José Domínguez “El Cabrero”, profesión: fenómeno socialEl contrapeso de toda la primera parte, recae en la segunda sobre una sola persona: José Domínguez “El Cabrero”, fenómeno social donde los haya, elemento fijo en el circuito de los festivales de cante, anárquico y rebelde sin que parezca afectación. ¿Qué es un “fenómeno social”? La fama, no es. Paco de Lucía es, hoy por hoy, el artista de mayor fama en el flamenco, y no es “fenómeno social”. En primer lugar, hace falta carisma. En segundo lugar, carisma. Poder comunicativo, espontaneidad, el saber estar incluso dentro de un planteamiento irreverente, la admiración de personas que no tendrían el menor interés en el flamenco si por El Cabrero no fuera, y la homogeneidad geográfica de sus seguidores: lo mismo llena teatros en Jerez o Pamplona, que en La Unión.(Deflamenco - Estela Zatania - Cante de las Minas 2007) Ver reseña completa >>

 
Por su parte, José Domínguez Muñoz, El Cabrero (Aznalcóllar, Sevilla, 1944), como su nombre artístico indica ha sido pastor de cabras durante su juventud hasta entrar a formar parte de del grupo sevillano de teatro La Cuadra, se ha convertido en un cantaor completo, con personalidad y rajo peculiar, uno de los más populares del escalafón (Manuel Ríos Ruiz - ABC - Cante de las Minas 2007) Ver reseña completa >>
 
El Cabrero y su hijo Zapata revolucionan los Veranos de la Villa
Cante libertario - El escenario no podía ser más regio y cortesano: los Jardines de Sabatini, con el Palacio Real de Madrid de fondo. El Cabrero,
con su flamenco incendiario, dio la espalda a este emblema del poder de antes y ahora para ofrecer una magistral muestra de su personal cante rebelde, libre y de honda raíz popular. Antes tomó la palabra su hijo, Emiliano Domínguez "Zapata", que sorprendió al público con una particular mezcla de rock andaluz y canción de autor. (Veranos de la Villa 2007, Madrid - EsFlamenco) (Ver +)